jueves, 22 de enero de 2015

Iniciativa: Cuéntame tu historia

Justo ahora estaba respondiendo a los muchos mensajes que me han llovido mientras no estaba presente (Que cuando escribo regularmente, bien que me ignoráis, pero a la que me marcho por un tiempo esto es un diluvio XD) y he encontrado por casualidad esta fantástica iniciativa, que ademas está muy pero que muy bien introducida.
Viene del blog No todo lo que sueñas es fantasía, un blog que, al igual que el mío, aun está en proceso de crecimiento, y simplemente me ha enamorado.
¿De qué va? Bueno, creo que el título ya dice bastante. Cada 15 días el blog describe un personaje sobre el que todos los asociados tienen que escribir una pequeña historia corta. ¡Una idea perfecta para todos aquellos que como yo, adoren dejar volar la imaginación y contar pequeños cuentos!
Aquí os dejo mi primera historia de la iniciativa:


Cuéntame una historia VIII

Enemigos

Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Eso dicen todos, pero ¿qué es realmente un amigo? ¿Lo sabe alguien? ¿Lo sabía él? Daniel, la persona en la que más confianza había tenido jamás, le acababa de traicionar. Su mejor amigo le había tendido una emboscada. Y no se trataba de una de esas chorradas de la adolescencia, de ésta no iba a librarse con un ojo morado y un corazón roto. No, acabaría entre rejas. Y vale, entendía que no era el mejor de los tipos, de hecho, en más de una ocasión se había comportado como un capullo. Pero no se merecía eso.
Y todo por volver a casa, ¿quien se lo habría dicho?
Hacía tan solo seis años que se había marchado de la ciudad para comenzar la universidad y olvidarse de todos sus pecados de la adolescencia, de ese horrible chico que despreciaba a todo el mundo, se burlaba, golpeaba y hacía llorar a sus compañeros de clase. Resultaba increíble lo difícil que era deshacerse de una etiqueta. A los dieciséis años se había dado cuenta de lo imbécil que era y de que estaba harto de que todos le temiesen, le odiasen, le admirasen y le adorasen a partes iguales. Quería cambiar, pero le resultaba imposible salir de aquel círculo vicioso, alejarse de las malas compañías, hacerse amigo o pedir perdón a las personas de las que se había burlado. De modo que huyó. Se marchó y pasó página. Lo único que se había llevado consigo era su amistad con Daniel, con quien había mantenido el contacto. Siempre había creído que era lo único bueno que había sacado de allí.
Y ahora que estaba de vuelta, le acusaban de agredir a su ex del insti (que al parecer estaba en coma en el hospital) y la única persona que podía defender-le, le giraba la espalda. Había pasado la tarde del lunes con Daniel, bebiendo cerveza y mirando el fútbol. ¿Porqué lo había negado?

Ahora, en plena noche, sudaba mientras se ocultaba de las luces de los coches, en las sombras de los edificios del pueblo. No había sido una buena idea huir de la policía, pero hacía tiempo que se le habían acabado las buenas ideas. Del mismo modo que se le habían acabado los buenos amigos.
De pronto, una mano le agarró por el brazo y lo arrastró al interior de un lugar iluminado. Una puerta se cerró con fuerza detrás de él, mientras intentaba acostumbrarse a la luz. Una chica baja de cabello castaño y gafas de pasta le observaba con los brazos cruzados. Era Sandra, mierda.
-Hola de nuevo, Cris, ¿huyendo de algo?- se rió.
Desde el pasillo se asomó otra cara familiar, que se tornó roja de furia al verle allí. 
-¿Qué diablos acabas de hacer, Sandra?- gruñó su hermano mayor, Esteban.
La cabeza comenzó a doler-le con fuerza. Acababa de meterse en la casa de las dos personas que más debían odiarle sobre la tierra, e iba a ir a la cárcel por un crimen que no había cometido.
-Estaba en el porche, ocultándose entre las sombras, y bien pensé que podíamos invitarlo a cenar- dijo Sandra sin inmutarse siquiera por su hermano. Y eso que había que reconocerle a Esteban, que había cambiado mucho desde el insti. Medía por lo menos 10 centímetros más que él, y tenía más músculo que un guardaespaldas. Y eso viniendo de un friqui de los comics, al que había sido capaz de levantar en el aire con una sola mano, era mucho decir. Aún así, el que su hermana pequeña se hubiese puesto entre los dos, parecía bastarle al tipo para no acercarse más.
-Joder, San, ¿y se te ocurre meterlo sin más en casa? ¡No solo es el capullo que nos jodió la infancia, también es un criminal!
-No lo es.
Y con estás simples palabras los dejó a los dos mudos.
-¿Tú volverías al pueblo solo para intentar matar a tu ex?
-No pero...- balbuceó Estaban.
-¿Acaso Ferrán no se muere por atrapar a un malhechor y conseguir su ridículo ascenso?
-Venga, San, esa no es suficiente razón...
-Yo no creo que lo hiciera.
Se miraron durante unos segundos y luego Esteban sacudió la cabeza y suspiró.
-Pondré un plato más, pero si te mata mientras duermes, no pienso vengarte.
Mientras desaparecía en la cocina, Sandra se volvió de nuevo hacia Cris.
-¿Te parece si comenzamos de cero?- le sonrió. Y él no supo dónde meterse. ¿Porqué diablos le estaba ayudando?
Un flaschback cruzó su mente. Estaba en el corredor del colegio, Sandra se había tropezado con una mochila y había caído de bruces, sus gafas saliendo disparadas. Todos se habían reído, y el se había acercado a ayudarla. Le había dado las gafas y le había dado la mano. Luego Daniel le había llamado, extrañado y él la había soltado. Sandra había caído de bruces y sus gafas habían vuelto a caer. Todos se habían reído, y todavía más cuando él por accidente le había pisado las gafas y las había roto.
Gastó su primer sueldo en la ciudad en comprarle unas nuevas. Pero no compensaba las muchas veces que la había humillado.
Ignorando completamente la falta de respuesta de Cristian, ella le agarró la mano y la sacudió efusivamente, mientras decía: -Sandra Cardenas, estudiante de arte, encantada de conocerle.
-C... Cristian García, arquitecto- tartamudeó él.
Después, arrastró a su hermano enfurruñado y le obligó a repetir la acción. 
-¿Amigos?- volvió a preguntar. Los hombres asintieron desconcertados de verdad. 
-¡Pues vamos, Ban, a cenar!- rió alegremente. Y todos se dirigieron a la mesa.
Los amigos de verdad, son un tesoro.

Fin

¡Uff! Tal vez me he pasado de largo.
En fin, un beso a todos, y miraros la iniciativa, os la recomiendo.



1 comentario:

  1. Guau, que final tan... inesperado xD A pesar de las humillaciones, Sandra ha sabido ayudarle. Me ha gustado mucho :) Soy una de las admin del blog y me gustaría pedirte que para la próxima historia copies y pegues el link en un comentario de la entrada de nuestro blog, para así asegurarnos de leerte :D ¡Un saludo!

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