jueves, 11 de abril de 2013

Despertar



Las paredes blancas estaban decoradas con dibujos, fotografías, y otras imágenes.  Aun que semejantes datos le parecían superfluos, se forzó para sentir interés. Lo hacía todos los días. Comprobó los datos de su ordenador.

-Todo en orden.  Estamos listos para el despegue.

Miró a su compañera al ver que no recibía respuesta.  El rostro de la humana reflejaba dudas.

-¿Acaso he hecho un mal uso de la expresión? Pretendía ser chistosa, pero puede que me haya equivocado…

-No. Has sido muy graciosa, Eva.- contestó la mujer sonriendo al robot.- Son solo las dudas antes de comenzar  un proyecto. Es algo típico entre los seres vivos.-, explicó.

La máquina asintió y de inmediato sus facciones se deformaron en un intento por mostrar el sentimiento:- ¿Así?

-Muy bien-, respiró hondo y agregó:- ¡Adelante pues! Este podría ser un gran avance para el conocimiento.

Sin embargo, antes de que ninguna pudiese apretar cualquier botón, las luces, los ordenadores y todo sistema electrónico enchufado a la red central se apagaron.

-¿Qué planetas pasa aquí?

Pasaron unos segundos, antes de que la luz regresara a la habitación. Salieron de allí en busca de una respuesta a lo sucedido.  Al otro lado del pasillo se abrió una puerta. Pronto aparecieron el doctor Chrome y  el profesor Pratsyvôëlk  (un extraterrestre con cierta semejanza a los calamares). Ambos llevaban sus respectivas gafas protectoras quemadas y tanto la bata como la piel cubiertos por una extraña sustancia mocosa de color rosa fosforito.

-¿Qué habéis hecho esta vez?- exclamó el aparato alentándose a su compañera animal.

-¡Vaya! El tono ha estado muy logrado esta vez- le felicitó ésta.

Más el hombre no parecía tan convencido:- Os aseguro que esta vez no ha sido culpa nuestra.

-Es cierto, Carla-, afirmó el alienigena.- Solo hemos encendido el interruptor para crear nuestra criatura, y de pronto todo ha hecho ¡CABOOM!

-¿CABOOM?

-CABOOM.

Martin Chrome pareció preocupado:- ¿No se habrá dañado vuestro proyecto?

-No os preocupéis. Le pusimos un motor autónomo, para que la energía no fallara nunca.

Todos parecieron calmarse. Entonces, el pequeño objeto que colgaba del techo emitió un pitido y una imagen tridimensional apareció ante ellos. Era una de las recepcionistas del centro de investigación que les informaba:

-Por una sobrecarga en las baterías del centro la energía en la planta 2875 no volverá a rendir plenamente hasta las 15:25:12 de hoy. Gracias por su atención.

En cuanto la imagen despareció comenzaron las voces y las exclamaciones provenientes de toda la sección en la que se encontraban.

La mujer sonrió: -Yo aprovecharé para nutrirme ahora. Si queréis acompañar nos-, miró a sus vecinos de laboratorio- tendréis que asearos o llamareis la atención. Y no querréis poner en vuestra contra a los cerebros más privilegiados del universo…

Con un suspiro los dos se escondieron de nuevo en su cuarto oscuro. Carla se fue en busca de su cartera, le echo a través de la ventana de protección un último vistazo a su  proyecto y volvió junto a la robot.

-¡Qué bien! Esta vez me has esperado.

-Bueno, he sido creada con el objeto de aprender e imitar el comportamiento humano. Y tú dijiste que esto era lo común…

Cogieron el ascensor que les llevó a la cafetería en la planta 9999 sección D mesa 3124, donde sus colegas ya habían ocupado sus respectivos asientos.

-¡Hola Carla! ¡Hola Eva!

La máquina pidió como siempre hacía el mismo desayuno que su compañera y después preguntó:

-Llevo mucho tiempo aguantándome, pero  creo que ya va siendo hora de que alguien me explique por qué me llamáis Eva.

Todos callaron de inmediato. A sus espaldas Martin Chrome, recién duchado, habló:

-La culpa es mía. Yo me invente el mote.

-¿Por qué?

-Porque tu nombre es demasiado difícil. Y bueno, ya sabes, vosotras trabajáis recuperando el pasado perdido desde la época de la reconstrucción.  Y pensé en la película de WALLY, que es uno de los pocos DVD’s restantes de antes de la destrucción terrestre. Como sabrás, allí la coprotagonista se llama Eva. 

-Espera, ¿Qué tiene de difícil el nombre de LU7827498728hyfery3767hfjafdvhSMA?

-¿Bromeas? ¡Imagínate a un ser vivo teniendo que decir todo esto cada vez que quiera hablar contigo!

-O.

A las 15:25:13 las dos compañeras ya estaban de vuelta en su laboratorio, listas para llevar a cabo su difícil tarea. El robot comenzó a comprobar datos:

-¿Energía estable?

-Sí, doctora.

-¿Productos en la matriz?

-Sí, doctora.

-¿También la  mega globina?

-¡Qué si Carla!

-Vale. Pues hagámoslo.

Le temblaban las manos. Respiró hondo y al fin apretó el botón. Una gran cantidad de luces de diversa magnitud y colores se encendieron y apagaron al otro lado de la ventana. Ambas oyeron el ya conocido ruido de las hondas y vieron como el líquido era introducido en la cápsula de la pequeña habitación. Entonces se izo el silencio. Carla se percató de que había dejado de respirar. Sin embargo, no era la única. Por primera vez desde su creación, a Eva le sudaban las manos sin haber hecho ninguna clase de deporte. Finalmente, abrieron la puerta de seguridad, apartaron la cápsula y se acercaron al hombre que yacía sobre la camilla en mitad de la pequeña habitación.

-Por favor, que esté vivo- murmuró la mujer, cruzando los dedos.

Y en efecto así era. El hombre respiraba. Se quedaron unos minutos en silencio, observándole. Eva estaba fascinada. Sabía que lo que tenía delante, no era más que un ser humano inconsciente, que tal vez jamás sería capaz de decirles nada. Pero no le importaba. Eso debía ser aquello que los humanos llamaban maravillar se.

Entonces, para su sorpresa, el hombre abrió lenta y cansada mente los ojos y las miro.

-Buenos días, bello durmiente. Me llamo Carla… Sé que estás cansado. Llevas mucho tiempo durmiendo…  No te preocupes… no tengas prisa en despertar…

-Donde… ¿Dónde estoy?

-La pregunta no es donde, sino cuando.

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